Cacagénesis:


William Saroyan:
"Es sencillamente imposible insultar al género humano sin sonreír al mismo tiempo".







viernes, 15 de julio de 2011

EL AFRICANO SEMANAL: Senna


-Africano-

Estaba viendo una pelicula sobre Ayrton Senna en la que se utilizan exclusivamente imágenes reales. Algunos comentarios salpicaban de vez en cuando las secuencias pero ello de forma residual. El peso de la trama lo llevaba la natural y titánica presencia del brasileño. De todos los grandes momentos del film me quedo con tres, sin duda los que más me impactaron y provocaron en mí sentimientos difíciles de explicar. En cuanto al primero, discurre en el circuito de Interlagos, Brasil. Ayrton no ha ganado ninguna carrera en su tierra y ese es su momento. Va en cabeza cuando surge un problema. La caja de cambios se ha bloqueado en sexta, motivo suficiente para obligarle a abandonar. Muy al contrario, Senna continua la carrera. Las caras en boxes son un poema. En pista, Ayrton vuela sobre los pianos. A falta de cinco o seis vueltas, se deja y se juego la vida sobre el asfalto. Al traspasar la línea de meta puede escuchársele a través de radio. Jamás he oído gritar a un hombre de aquella manera. Una bomba de alegría y rabia desbordada. En aquel momento podía comerse al mismísimo diablo. Pocas veces he podido presenciar la auténtica naturaleza del superhombre en estado puro. El coche cada vez va perdiendo más y más velocidad hasta que para en seco. Los operarios del circuito corren hacía él. Ayrton se ha desmayado. Puede verse a través de la cámara como sus músculos convulsionan. Nadie se explica como lo ha logrado. Sufre terribles calambres en los hombros. Algunos se acercan a abrazarlo y él los repele al grito de: "No me toquéis, no me toquéis". Y se apartan, ya te digo si se apartan. La energía que en esos momentos le recorre el cuerpo es capaz de abrasarlos. En el podio, en un gesto homérico, lucha con sus adormecidos brazos por levantar el trofeo. Aprieta los dientes y en un arrebato alza la gloria sobre su cabeza. Senna es lo más parecido a un Dios. La escena parece sacada del cine hollibudiense más manido, pero estamos ante imágenes de archivo extraidas de la auténtica realidad. Eso ocurrió un día, allá por el 91 o el 92.

En otra carrera, años antes, nos encontramos dentro de la cámara subjetiva del piloto. Su velocidad es endiablada. Por radio le advierten que está yendo demasiado rápido, que baje el ritmo. Pero Senna parece estar en otro nivel de conciencia. Lejos de eso, sigue tragándose las curvas peligrosamente, destrozando el crono, rebasando a pilotos doblados como si fuesen colegiales paseando en bicicletas. Finalmente se sale de la pista. Sus declaraciones tras la carrera encogen el corazón. “No sé qué me ha ocurrido, de pronto he dejado de tener conciencia de estar pilotando, es lo más cerca que he estado de Dios”.

Autódromo de Enzo y Dino Ferrari, Imola. 1 de Mayo de 1994. Senna lleva todo el fin de semana serio, tenso, desconfiado. El coche dista de estar apunto. Durante la primera sesión de calificación Rubens Barrichello sufre un accidente espectacular del que afortunadamente sale ileso. En la sesión final de calificación, apenas transcurrido veinte minutos, Roland Ratzenberg resulta gravemente herido al impactar casi frontalmente contra la curva Villenueve. Más tarde morirá debido a las irreversibles lesiones. Pese a los problemas, Senna logra la pole. Se inicia la carrera. Dos monoplazas chocan, lo que provoca la salida a pista del coche de seguridad. Una vez que retiran los resto, relanzan la carrera. Volvemos a la cámara subjetiva de Senna. Su Williams va en cabeza, secundado por Michael Schumacher. Durante dos minutos viajamos con él. Conducimos. Los neumáticos empiezan a coger temperatura. El apocalíptico ruido de los motores pone música a los últimos instantes de una leyenda. Uno puede sentir que lo sabe, que él es Dios, y Dios lo sabe todo. Pero Senna encara Tamburello como lo que es. Un hombre. Solo un hombre. El impacto es brutal. Una pieza del tren delantero le ha dado de lleno en la cabeza. El helicóptero enfoca al monoplaza. Senna tiene apoyado su casco sobre el lateral del vehículo. Ha nacido el mito, como tantas otras veces, fatalmente. Pero, de entre la larga lista de idolos malditos y tristes que solemos adorar emerge Ayrton, diamante feliz, para recordarnos que no hay forma más digna de salir de este mundo que habiéndolo amado jugándonos la vida en cada uno de sus momentos.

1 comentario:

  1. Se me ha erizado hasta el último pelo del cuerpo. Todavía recuerdo un minuto de silencio por él, en el que un estadio entero gritaba su nombre llorando.

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