Cacagénesis:


William Saroyan:
"Es sencillamente imposible insultar al género humano sin sonreír al mismo tiempo".







domingo, 9 de octubre de 2011

falsos politicos

-Julio Basurco-

Hace mucho tiempo que la política, la de primera línea al menos, se ve desprovista de su propio significado, ese de guiar la acción del Estado en beneficio de la sociedad, para no ser más que una feroz lucha de partidos políticos sedientos de poder. Lo importante ya no es que te voten por lo que defiendes sino que te voten simplemente, y no importa que para ello haya que mentir, manipular o jugar sucio. Lo que hay que hacer es no decir nada diciendo el máximo de palabras posibles, desprestigiar al contrario, dártelas de persona concienciada con los problemas del vulgo y así conseguir que el día de las elecciones sea tu nombre el que aparezca marcado en más papeletas. Si consigues eso has triunfado, has ganado la batalla a pesar de no haber explicado a la gente nada de lo que pretendes hacer durante tu mandato, de no haber presentado un verdadero programa político y en definitiva, de haberte reído de muchos de los ilusos que en ti han depositado su confianza.
Tanto Rajoy como Rubalcaba, tras años al pie del cañón, tienen bien aprendida la lección, al igual que Zapatero o que el esperpéntico Aznar. Todos ellos son profesionales de la política, lo que hoy en día equivale a decir profesionales de la falacia, del timo y de la apariencia. Oírles hablar es asistir a un interminable desfile de palabras vacías y de intentos de encandilar al pueblo. Con sus discursos llenos de frases hechas como “caminar todos juntos” o “luchar por los derechos de todos” y de palabras como “tolerancia”, “trabajo” o “derechos” lo único que pretenden es ganar los votos de todos, lo que para mí representa un claro signo de hipocresía, pues no se puede estar a buenas con todo el mundo. No puedes pedir el voto de un mileurista y el de un millonario. O estás con uno o con el otro. Por mucho que algunos se empeñen en negarlo, las clases sociales siguen existiendo, siguen habiendo ricos y pobres, obreros y empresarios, explotados y explotadores. Cada uno de ellos defiende sus intereses y esconderse tras un discurso vacío y decorado con palabras bien escogidas para no molestar a nadie con el único propósito de recaudar votos no responde más que a actos de cobardía e inmoralidad política.
Por suerte no todos son así y aún hay gente que dice las cosas claras, como es el caso del coordinador general de Izquierda Unida, Cayo Lara. Se puede estar o no de acuerdo con él pero es de agradecer que un político diga lo que piensa. En su discurso hay gente con la que no pretende quedar bien, gente de la que no quiere ni espera votos. Esa gente son los grandes poderes financieros, los bancos, la Conferencia Episcopal y el ultracatolicismo español, las grandes fortunas, etc. Él dice claramente que su programa político se basa en recortar los privilegios de todos ellos, aunque ello, obviamente, le cueste que ninguno de ellos le vote. Decir “si gano, a por quién voy a ir es a por ti” es algo que no hacen ni Rubalcaba ni Rajoy. De hecho, aunque sea sabido de sobra que la intención de ambos es seguir apretando a pensionistas y trabajadores y no molestar a los mercados, en sus discursos se las seguirán dando de defensores de sus víctimas. Profesionales de la falacia, repito.
Ojalá la cosa cambie algún día y podamos ver al frente del Gobierno a un grupo de personas como Cayo Lara o el mítico Julio Anguita, personas que aunque como todo hijo de vecino puedan equivocarse, no jueguen al despiste, hablen claro a la gente y estén ahí porque el pueblo haya respaldado unas ideas y no a un estudiado y falsario programa de marketing.

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