Cacagénesis:


William Saroyan:
"Es sencillamente imposible insultar al género humano sin sonreír al mismo tiempo".







martes, 31 de mayo de 2011

Cartas desde la Rue Taiboit; William Saroyan




Rubén C.M



Yo no sé si será cosa mía, pero no es la primera vez que me encuentro con un libro así. Y, ciertamente, no es que el libro tenga realmente culpa, ni su autor, sino más bien se trata, diría yo, de un fallo de coordinación. Y es que debería existir un mensaje bien clarito en la portada advirtiendo ante su posible incomprensión. Resulta que hay libros que no siendo explícitamente autobiografías de sus autores son, de forma clamufada, un esbozo, trazo, pincelada de sus vidas. Más bien, una mezcolanza de datos biográficos e impresiones sobre dichos datos. Así, uno, sin haber tenido entre sus manos anteriormente un manuscrito del susodicho, acaba cerrando el libro con sabor agridulce, no más que por la imcomprensión de lo que allí se nos refiere debido al desconocimiento, entre otras cosas, de su obra. Y algo crucial, si bien lo más importante a mi parecer; que no terminamos de congeniar con el autor, no simpatizamos con él, al resultarnos en ciertos momentos estúpido por la exaltación tan poco pudorosa de sus sentimientos. Este tipo de escritos, me imagino, son pequeñas licencias que se toman ciertos escritores para abrirse el corazón en canal ante todo el público en visperas de su ejecución. Un género confesional, diría, y no memorias, pues la intención del autor no es otra que redimirse, justificar o lamentar el pasado, construir, en definitiva, un pequeño monumento a la derrota personal, cosa bastante unánime entre los habituales del género. Así, estas Cartas desde la Rue Taiboit. Esas cartas enviadas al vacío a gentes a las que jamás dirigimos la palabra, a aquellos familiares que murieron sin saber nuestros más profundos sentimientos, y otras, a ciertos personajes célebres, a los que todos nos hubiese gustado decir un par de palabras no del todo agradables antes de su desaparición (Hitler, Mussolini). El alma de Saroyan, armenio, el de sus familiares, armenios, y del pueblo armenio reflejado en algunos destinatarios atraviesa transversalmente el relato epistolario. Bonita historia sino fuese porque los armenios me la traen al pairo. No así este Saroyan que, pese a no haberme conmovido del todo, me invita a leerlo con mayor profundidad quien sabe si con mejor fortuna. He ahí la Comedia Humana, La risa o Las aventuras de Wesley Jackson.


Por la frase que corona este nuestro blog diría que tiene que haber, por fuerza, algo más detrás de este tipo. Asi que si os topáis con él no dudéis en darle una oportunidad.

sábado, 28 de mayo de 2011

RESEÑA: A Serbian Film


-Tejada F.-

No Apto

Hace unos días Rubén Casado dedicó unas líneas al gran Michael Haneke director que se caracteriza por despojar de valores morales a sus personajes y llevarlos en muchas ocasiones al extremo. Pues la otra noche indagando sobre los Balcanes (una zona que me interesa aunque no sabría decir motivos) encontré por casualidad una película que tenía fama de ser dura. Esto nunca me ha impedido enfrentarme a un film, no soy especialmente sensible, es cine al fin y al cabo. Confiado por tanto en un “va… no será para tanto” preparé el portátil y me coloqué los cascos.

Una hora y pico larga después mi sensación no podría describirla. He visto películas desagradables, otras con escenas fuertes, algunas de tipo Gore, pero nada, absolutamente nada parecido a esto.

Algunos hablan de que intenta provocar y estremecer gratuitamente, otros que trata de denunciar la doble moral y ven al director un visionario que ha llegado donde ni los más atrevidos se habían planteado, otros simplemente lo han denunciado ante el juzgado. Es la película de los extremos, ha ganado premios en algunos festivales y en otros se ha impedido su proyección.

Srdjan Spasojevic es el sujeto que ha dejado a Von Triers y Haneke en aprendices. Parecen Jose Luis Garci al lado del serbio. Para mí un tipo con necesidades urgentes de ser internado, de controlar su ego, porque solo alguien con mucho ego es capaz de presentar este proyecto, el tipo es cínico y con un mal gusto evidente.

No voy a entrar en detalles ni en aspectos filosóficos sobre A Serbian Film ni sobre lo que busca o deja de buscar, no merece la pena. Soy de la opinión de que para hacer reflexionar al espectador y activarlo en todos los sentidos no hace falta recurrir a lo más rastrero del ser humano implicando –además- narrativamente a niños. Esta película llega demasiado lejos, lo más lejos que se puede imaginar. Prefiero no entrar en profundidades. Pensé en no escribir nada sobre esto pero tenía necesidad de desahogarme aunque solo sea tímidamente. Lo que si aconsejo es que no la veáis… para mí es demasiado tarde.

viernes, 27 de mayo de 2011

EL AFRICANO SEMANAL: 4º B




-Africano-



El castigo consistía en pasar la mañana en el aula de los tontos. Yo formaba parte del A, mientras que a los tontos les correspondía el B. Cuando recibí la noticia no cabía en mí de miedo. No sabía lo que me esperaba. Había oído cosas horribles de aquellos niños del B. Por supuesto jamás me acercaba, nos acercábamos a ellos en el recreo. Eran salvajes, podías verlo en sus ojos. Se decía que el más listo de aquel lugar era el que conseguía sacar un 5. Aquello era demencial, nadie podía ser tan tonto como para no aprobar. Era impensable, en el A, sacar un 3 o un 4. Y, ni que decir tiene, un 0. Pero allí todo era posible. Su idiotez era lo que les hacía sumamente peligrosos. Tragué saliva y allí fui solo, soledad que formaba parte del castigo, bajando los escalones que llevaban hasta aquel lugar.
La profesora se llamaba Dora. La señorita Dorita para los niños. Era la cuñada de mi profesora, Mª Angeles, señora recta, disciplinada y severa. No dejaba pasar por alto una falta. La mía fue no llevar aquel día los deberes de matemáticas. Odiaba las matemáticas. Cuando me preguntó, esa fue mi respuesta. Respuesta que merecía la bajada a los infiernos. Dorita me presentó ante el resto de la clase. –Este es Rubén, es del A, ha venido a pasar la mañana con nosotros. Portaros bien con él, es un niño muy listo, aprueba todo con dieces, a ver si aprendéis de él. La señorita Dorita debía tener alrededor de 60 años, pero ella parecía no enterarse. Era cierto, no se enteraba de nada, parecía nadar en un perpetuo limbo. Esto pude verlo más tarde con mis propios ojos. Busqué un lugar donde poder sentarme. Tuve que cruzar toda la clase ante la mirada escrutadora de todos aquellos salvajes que parecían querer arrancarme los ojos. Encontré sitio al fondo. Una niña me habló. –Por qué estás aquí? Tú eres listo, no?. –Levanté los hombros en señal de duda y abrí mi libreta. No pasó un segundo cuando Dorita se giro colocándose de cara a la pizarra y empezaron a lloverle bolas de papel, tizas, gomas de borrar como granizos. Para mi sorpresa, en ningún momento se giró a llamar la atención a sus agresores. Pude ver incluso como un compás le rozaba una oreja peligrosamente estampándose contra la pizarra. No me lo podía creer, aquello era de locos. Notaba en el ambiente algo que desconocía. Tiempo después supe que se trataba de algo parecido a la libertad. En el A siempre reinaba el silencio, el no estar correctamente sentado en el pupitre podía traer represalias, equivocarse en un cálculo mientras se corregía un ejercicio conlleva una humillación pública, gritar, estornudar, rascarse el culo era algo que estaba totalmente prohibido. Las niñas eran bonitas y los muchachos listos. En el B las chicas eran horrendas, pero muy divertidas. Los chicos parecían desnutridos y desquiciados, pero ingeniosos e inquietos. Una de las chicas, de las más feas, que estaba sentada junto a mi, me dio una bola de papel. –Vamos empollón, atrévete. Cogí la bola entre mis manos y me quedé mirando la cabezota llena de calvas de la señorita Dorita. –Vamos, decían, si no se entera de nada. Me armé de valor y con todas mis fuerzas la lancé a su cuerpo. Todos al unísono lanzaron un grito. Se alegraban de que yo, un bicho raro, no fuese tan diferente a ellos. Ya sí, arranqué una hoja de mi libreta y me serví de mi propia munición. Hice una enorme bola que dejó a todos sorprendidos. Casi podía verse en su caras el miedo, aquello eran palabras mayores, un proyectil que podía hacer bastante daño. Aunque lo intenté erré. Todos se partieron de risa aliviados por que no acertara. Daba igual que Dorita nos mirase directamente, ella vivía en otro mundo. Tal vez fuese consciente de que no podía hacer nada. El caso es que al cabo de los años habían logrado acabar con ella. Un chico le gritaba apenas a un metro. “Zorra, Dorita, Hija de Puta”. Una chica más atrás la llamaba guarra acompañada de salpicaduras de saliva que salían despedidas de su boca. “Chalada, loca de los huevos”. Aquello era un auténtico zoológico. Toda violencia iba acompañada de grandes carcajadas, el absurdo, la locura de la profesora, hacía que todo fuera cómico. No me podía creer que mi clase se considerará mejor que esta. Éramos una panda de capullos, de niños de mamá que aún se hacían caca en los calzoncillos. Los nenes olíamos a colonia e íbamos peinados perfectamente con la raya a un lado. Mis nuevos amigos olían mal, parecía que habían dormido la noche anterior en la calle. Eran todo energía. Un grupo con un objetivo común, unido, que solo buscaba el ingreso en un sanatorio de aquella pobre anciana. Todos querían hablar conmigo aquella mañana, se mostraban amigables, sinceros, abiertos, con muchas ganas de reír constantemente, de mostrar su alegría. Hubo algo que les hizo confiar en mí. Quizás se diesen cuenta de que yo era uno de ellos. Así, al menos, me sentía yo.

martes, 24 de mayo de 2011

NBAcacal: 2 de 17



-Tejada F.-


“Joder, si estás jugando el séptimo partido de una final y ves que tus tiros exteriores no entran, penetra a canasta. Joder, no es tan difícil”
(Lamar Odom sobre John Starks)


Mis queridos Knicks vivieron una gran época en los noventa. Convirtieron su estilo luchador e incansable en el orgullo de la ciudad. Cuentan que los ciudadanos de la Gran Manzana se sentían bien representados por sus muchachos y sus pelotas. El gran eje de todo era el grandullón Pat Ewing. Eran buenos tiempos para un equipo escaso de talento pero sobrado de agallas. Competían cada balón como su fuese el último de sus vidas, era su identidad. Esa tremenda escuadra solo tenía un problema: los jodidos Bulls de un tal Jordan.

Los hombres de la Big Apple exigían el máximo a los Toros. Cada año las eliminatorias entraban en el sendero de la épica, con enfrentamientos cargados de tensión y lucha. John Starks tenía el inmenso encargo de parar a Michael. Casi nunca lo conseguía pero se dejaba la piel en el intento. Su misión era la de malo de la película, intentar derrotar al héroe. Pero la gloria no se acercó a ese equipo de jornaleros hasta que una tarde ocurrió algo…

Jordan después de su tercer anillo consecutivo anunció su retirada para probar suerte en el mundo del béisbol.

Nueva York sabía que era su momento y no lo iba a desaprovechar. Después de una temporada perfecta llegaron al objetivo, jugar las finales. La batalla definitiva llegó al límite: séptimo partido frente a los Houston Rockets de Olajuwon. Dicen que el ambiente que se respira en el partido definitivo de unas finales de la NBA es tan especial que no se puede comparar con casi nada.
Algunos jugadores se ven superados. Starks no pudo con la presión y anotó 2 canastas de 17 intentos, se le hizo de noche en el partido más importante de la franquicia desde que Willis Reed salió drogado y cojo en los setenta. Ewing y Oakley no pudieron solos. Lo tuvieron cerca pero se les escapó cuando más duele. Starks acabó hundido. No había consuelo posible. Por si fuera poco en el encuentro anterior también falló el tiro que hubiera significado el anillo.

Tiempo después el 23 de los Bulls se calzó de nuevo las alpargatas y prosiguió coleccionando anillos. Nueva York se fue apagando mientras recordaba lo que pudo ser y no fue en esa desastrosa noche texana.

Cada vez que Starks aparece por el Madison y su imagen irrumpe en las pantallas gigantes el público se pone en pie y aplaude al hombre que no se arrugó a pesar de no meterla ni en una piscina, el tipo que falló hasta morir, el guerrero sin talento encargado de los grandes marrones, el incansable. Dicen que su mirada es profunda desde ese partido, más intensa, penetrante. Nunca podrá olvidarlo, nadie puede hacerlo.

viernes, 20 de mayo de 2011

EL AFRICANO SEMANAL: 7,65 y bajando


-Africano-

Hoy el Africano se ha levantado a las 8 de la mañana para hacer una descarga. Qué digo una, tres. Tres trailers hechos y derechos. Es irónico que el día que tenía que protestar en mi ciudad por la precariedad de la vida social española van y me dan trabajo. Eso sí, de 10 euros que se pagaba la hora hace apenas tres meses, en la misma ETT, hemos pasado a 7,65.

Es el día más feliz de mi vida, que a su vez va a estar secundado por uno de los tantos tristes que llevo sufriendo desde hace un tiempo. Pero qué coño! Soy un afortunado. Me he calado mis guantes de guerra y he cargado aglomerados sobre mis hombros como si no hubiese mañana. He visto la traspaleta y me he abrazado a ella como a una vieja y fiel amiga que conocí en tiempos de bonanza, de descargas de cajas de gambas argentinas y colombianas en Loja, de frio granadino y pitillo satisfecho en la comisura de los labios. De cuando aún existía la esperanza de tener un futuro mejor. Y lo tengo, dios mío si lo tengo. Cinco años después vuelvo a tener el mismo trabajo pero con una diplomatura bajo el brazo, por un día, cuando perfectamente podría haber estado en casa rascándome los sobacos. Alabado sea el Señor. Vuelvo a creer en el ser humano. Hemos vuelto a debatir en asambleas primitivas sobre como colocar las manos para no joderte los riñones y sobre la mística de colocar el material perfectamente orientado hacia la Meca. Me he sentido hombre entre los hombres. Hemos formado una perfecta cuadrilla de pringaos que se han dejado los lomos para descargar una exposición sobre las drogas. Exactamente contra las drogas, de la Fundación la Caixa. Hablando de Caixa, bancos, cajas y demás. Quién dice que nos están robando. Gracias a su estúpida exposición sobre los efectos nocivos de las drogas voy a recibir una retribución que no me va a llegar ni para comprarme la soga de la que va a colgar mi rabia. Drogas!!! La verdad que el jodio al que se le ocurrió debía ir de merca hasta las cejas mientras una putita de las Ramblas se la abrillantaba concienzudamente. Pero hay que reconocerselo. Son listos. Mentes brillantes. Lo mejor de nuestra raza. Han sido capaces de despertar a la bestia por la apetitosa cantidad de 7,65 la hora.

Por cierto, es la hora, me voy a la plaza pública...

jueves, 19 de mayo de 2011

RESEÑA: El Señor de las Moscas; William Golding



-Rubén C.M-

Estaba frente al televisor. Tenía siete u ocho años, daban una pelicula en CanalSur. Trataba de un grupo de niños sucios, desgreñados, con pintas de salvajes, que parecían vagar por una isla desierta. Una imagen se me grabó a fuego. Una enorme piedra rodando por una pendiente escarpada le daba de lleno a un niño gordo con gafas en todo el cráneo reventándolo como un mojamanilla.
Hace unos días terminé de leer el libro donde se encuentra esta escena, “El Señor de las Moscas” de William Golding. Esta Fábula moral, como reza su contraportada, es susceptible de varias lecturas “Para unos, se trata de una tesis de la agresividad criminal entre los instintos básicos del hombre, para otros, constituye una requisitoria moral contra una educación represiva que no hace sino preparar futuras explosiones de barbarie cuando los controles se relajan”. Bla Blablá bla blablá el caso es que aquella imagen que vi en la infancia me aterró y ha vuelto a aterrarme ahora leyendo el libro. Forma parte este relato de un particular género literario que no sé si alguien se ha molestado en señalar. Y es que no puedo evitar evocar “El Corazón de las Tinieblas” en el que la selva se alza como un personaje más, como el malo de la película, con más personalidad y más enjundia que el restante elenco de actores. Así también el “Resplandor”, donde la presencia del mastodóntico complejo hotelero se convierte por sí solo en dueño y señor de la acción. En mayor o menor medida, en el “Señor de las Moscas” es también la isla la que se erige en auténtica protagonista de la trama que, como la selva en “El Corazón de las Tinieblas”, amenaza constantemente al ser humano con su influjo hipnótico, desquiciante y aterrador. Es la verdadera esencia primitiva del hombre la que aflora en mitad de la hostilidad de lo natural, el informe y abstracto miedo que se expande como una enfermedad en la mente del ser civilizado.
En definitiva, dos formas de afrontar el mundo reflejado en la lucha por el liderazgo del grupo entre la racionalidad del joven carismático Ralph y el instinto salvaje del pequeño dictador Jack Merridew, de la que no saldrá títere con cabeza. Sobre todo la del pobre gordo y pesadillesco Piggy.

martes, 17 de mayo de 2011

NBAcacal: Give me the Money


“El 60% de los jugadores de la Liga está arruinado cinco años después de concluir su carrera profesional”

-Tejada F.-

La NBA como organización obliga a todos sus miembros a prestar su imagen para actos en beneficio de la comunidad en la que juegan. Además es conocida la filantropía de –por ejemplo- Pau Gasol o Lebron James que gastan multitud de dinero y tiempo en proyectos solidarios.
Pero no todo es ayuda y utilización racional de recursos. Son muchos los que llegada a la cima pierden la cabeza y no saben aprovechar la inmensa suerte que tienen…

Latrell Sprewell merece un capítulo exclusivo de esta serie cacal. Pero en esta entrega sólo haré referencia a un dato de su vida que me parece significativo. A lo largo de su carrera se estima que ganó unos 95 millones de dólares. Pues bien, este peculiar tipo malvendió su mansión de Milwaukee para hacer frente a una deuda de casi 2 millones de dólares. Casi nada. En 2005 realizó unas declaraciones –ya históricas- después de que los Minnesota TimberWolves le ofrecieran un contrato por tres temporadas y 21 millones. El tipo declaró: “he rechazado esa oferta, tengo que dar de comer a mis hijos”.

Jason Caffey era un jugador que pasó sin pena ni gloria por la liga, jugador de rotación, clase media acomodada se podría decir. Pues el bueno de Jason ganó cerca de 30 kilos a lo largo de su carrera pero en 2008 se declaró en bancarrota tras deber dinero a todo cristo. Padre de 9 o 10 hijos (puede que de más) de 6 o 7 mujeres (esto creo que tampoco lo tiene claro). Empeñó sus dos anillos de campeón para poder hacer frente a pensiones alimenticias y gastos corrientes.


Scottie Pippen, el fiel escudero, el Sancho Panza con seis anillos, considerado entre los 50 mejores jugadores de la historia ha dilapidado más de 130 millones de dólares hasta el punto de tener que realizar pachangas previo pago para sacar algo de pasta. Entre otros desastres intentó crear unas aerolíneas privadas que debían llevar su nombre. Cagada al canto. Una de las características de Scottie era su inteligencia en la pista, parece que fuera de ella no era lo mismo.

Otro caso destacado es el de Manute Bol (recomiendo visionar Informe Robinson sobre la vida del gigante africano). Fulminó su fortuna a partes iguales entre desfases superficiales y ayudas a su gente en la guerra civil de Sudán en los 90. Completamente arruinado, puso su tremendo físico (delgadísimo con 2,31) al servicio de todo tipo de actos de dudoso gusto para sacar dinero.

Cedric Maxwell, jugador en los 80 de los Celtics de Boston declaró: "No sólo competíamos en la cancha, también lo hacíamos en el vestuario a la hora de tener el mejor coche, la mejor casa o el mejor traje”.

Charles Barkley fue una estrella. “El gordo” era un tipo aguerrido, extrovertido dentro y fuera de la cancha. En la actualidad es comentarista de la cadena Espn. Sus declaraciones nunca dejan indiferente a nadie. Barkley dijo: “"El día después de ser elegido en el draft me compré seis coches. Moses Malone y Julius Erving me cogieron en el vestuario y me dijeron que devolviera cinco. Devolví dos Mercedes, dos BMW y uno de los Porsches. Pese a todo, tras cuatro años en la Liga estaba arruinado por culpa de uno de mis asesores. Además, cuando alguien te pide ayuda es muy difícil decir que no, sobre todo cuando eres negro. He prestado millones de dólares a personas que no he vuelto a ver en mi vida. Si no lo haces te dicen tío, ya no eres de los nuestros. ¿Te crees mejor que nosotros? Cuando eres joven, esas cosas te llegan al corazón. Al final, dejé de ayudar a mis compañeros. Lo hice cuando uno de ellos me pidió dinero por cuarta vez para el funeral de su abuela. Le dije, ¿pero cuantas abuelas tienes?".

Según parece en una noche gloriosa el bueno de Barkley palmó 2 millones de dólares en la mesa de blackjack.

La liga garantiza una pensión tras la retirada a los jugadores que hayan disputado un mínimo de partidos. Es acojonante que más de uno (en algún momento indecentemente millonario) tenga en esa paga su único sustento y que llegado el momento diga lánguidamente lo que seguramente gritó hace tiempo en una juerga de Las Vegas: “give me the money”.

A Toni Tower Boabab
y a ese hotel decadente del sur de España.