Cacagénesis:


William Saroyan:
"Es sencillamente imposible insultar al género humano sin sonreír al mismo tiempo".







domingo, 4 de marzo de 2012

CONVERSACIONES LITERARIAS CON FABYO



- El Jugador -

A este notas lo conocí en el casino de un hotel. No sé qué hacía un muchacho de dieciséis años revoloteando en aquel lugar - alguien debió de invitarme a abandonar el local - pero allí estaba yo aprendiendo las reglas del juego.

Necesitaba desesperadamente un maestro, un guía, un referente, y aquel era el hombre. Tenía porte, intuición y buena suerte, todo lo que un jugador necesitaba para ser el campeón, que es lo que quiere ser un adolescente.

En la mesa se comportaba de una manera diferente al resto de participantes. Permanecía impasible frente a la ruleta mirándola fijamente mientras ésta giraba, de una misteriosa manera, como si tratara de concentrar toda su energía en conducir la bola hasta el casillero elegido; y a veces lo conseguía.

Entiéndanme; el que juega a menudo gana de vez en cuando, y si esto ocurre el agraciado suele alegrarse y se siente afortunado. La primera expresión es de sorpresa, de asombro, y rápidamente, tras un brevísimo instante de incredulidad, sucede un gesto de exclamación, de agradecimiento, de alegría al fin y al cabo. Pero este señor no ganaba, verificaba que se había producido el supuesto que le daba la victoria, y apenas si dejaba asomar a la comisura de sus labios una mueca de satisfacción, como el que ha hecho un buen trabajo, y después sonreía comedidamente a los que estaba desplumando como un político a los contribuyentes.

Aquella noche se llevó toda la pasta que había sobre la mesa y al día siguiente volvería a jugársela y yo estaría ahí aprendiendo, viendo cómo lo hacía. Un amigo mío se había comprado un scanner (uno de los primeros que vimos por el pueblo) y yo le pasé mi DNI para que modificara la fecha de nacimiento y me hiciera mayor de edad, por si los de seguridad decían algo.

Me colé en el hotel y me planté en la barra de la sala de juego esperando a ver si bajaba el colega. Entretanto me pedí una cerveza. El camarero me preguntó que si tenía edad de tomarla. Le dije que tenía una copia del carnet de identidad en la cartera, que podía mostrársela. Me dijo:

- da igual chaval, no importa.

Pronto bajó el notas. Iba con una chica. De lejos parecía guapa y elegante, toda una dama. Lo que luego tuve ocasión de comprobar observándola más de cerca. Era siempre tan correcta, amable y atenta, y se notaba a leguas que el colega estaba completamente pillado por ella porque era lo único que desviaba su atención de la ruleta.

De hecho aquella noche perdió dinero; en cambio ella se fue a la cama con las manos llenas. Luego me enteré de que nuestro amigo estaba asediado por las deudas y aun así siguió jugando, mantuvo la compostura, porque creía que era la única forma de recuperar su fortuna.

Creo recordar que al final lo perdió todo, incluso la chica, que a veces le miraba curiosa mientras él apostaba su renta de esa manera tan seria, concentrando toda su energía en la pelotita - la dichosa pelotita -.

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