Cacagénesis:


William Saroyan:
"Es sencillamente imposible insultar al género humano sin sonreír al mismo tiempo".







viernes, 29 de abril de 2011

EL AFRICANO SEMANAL: Tomando unas copas a las once de la noche con Diana Krall de fondo



-Africano-

- Finales de los setenta y todo los ochenta, diría que fue su época de esplendor. Había mucho ambiente, con bares maravillosos y aquella discoteca, "El Piper´s" se llamaba, grande y hermosa. Luego, ya entrado los noventa, y ya más decadente, quedo como lugar de reunión de putas y travestis. Los veías allí metiéndose Popper y yéndose, muchachitos jóvenes, con vejestorios sucios y depravados. Con tal de meterla en un agujero se iban con cualquiera. Luego los echaban a patadas de los hoteles o se iban sin pagar... Pero tuvo un gran momento, como todo, ya se sabe...
Es por aquella época, te digo, cuando yo viajaba a Torremolinos con La Marquesa, una señora de cuarenta y tantos. Era doncella de compañía, de alto standing. Trabajaba en el Hotel Ritz en Madrid, y te estoy hablando de los setenta. La hija de puta era toda una profesional. Con su verborrea y su atractivo se llevaba al lego a constructores, ejecutivos... incluso estuvo casada con un diputado. El pobre al tiempo se echó al alcohol y se suicidó, pero esa es otra historia. El caso es que esta, la Marquesa, se quedó prendada de mi y de mis veinte añitos. Por aquella época yo estaba fascinado por Ibiza. Había estado allí dos meses viviendo, me mantenía vendiendo collares y pendientes, en el paseo marítimo, sobre una manta. Así que tuve que volver. Pero la Marquesa, al oir mi historia, quiso ponerme allí una casa, en Ibiza, para que yo pintase mis cuadritos y etc. Mientras, ella vendría ciertas temporadas a visitarme. Por supuesto, me negué. La muy puerca estaba chalada. Pero sabía lo que hacía. La última noche que pasé con ella, al entrar en la habitación del hotel, me encontré con toda la cama llena de petalos de rosa, una botella de Moet Candon, y su enorme cuerpo cubierto por un picardía negro que le transparentaba los pezones. ¡Transparencias! La vieja era un poco fea, pero lo suplía con grandes dosis de elegancia. Te ganaba con su cerebro, no había manera de aburrirse con ella, y si intuía que podía ocurrir, sabía cuál era el momento adecuado para esfumarse. El problema fue que empezó a darme miedo. La tipa venía desde Madrid y de pronto aparecía en la barra de la discoteca donde yo pinchaba. Y allí se tiraba las noches, mirándome, bebiendo y esperando. Un día, mientras la cabalgaba, me dijo que quería tener un hijo mío. Automáticamente me detuve. Decía que quería mi inteligencia artística y no sé que mierdas más. Más tarde empezaron los ataques de celos públicos. Las muchachitas se acercaban a pedirme canciones y a charlar conmigo, yo era el Dj, ya se sabe. Y una noche montó un escándalo. Me abofeteó, totalmente alcoholizada, y claro está, para aquel titán de mujer, con aquel cuerpo deslumbrante, recio, potente como el de una Sofia Loren trasnochada, yo no era rival. Me machacó y me dejó en la puerta de la disco echando litros de sangre por la nariz. No volví a verla más. Pero qué elegancia tenía, hasta repartiendo era capaz de mantener su porte aristocrático. ¡Qué mujer!

- Y tú? No tuviste tus escarceos?

- Claro que los tuve. Yo trabajaba en el Bingo por entonces. Ganaba, ya te digo si ganaba. Las propinas eran de dos mil, tres mil, cinco mil pesetas. Luego estaban los beneficios sobrantes por cartón. Hasta veinte iban para Hacienda y el resto lo repartíamos entre todos los empleados. Luego estaban los borrachos, que no se enteraban de nada. Yo iba mirando por encima de sus hombros, y cuando veía que les iba a tocar, mucho antes de que ocurriese (porque yo era muy buena con los números) me acercaba y se los retiraba con la excusa de que se los iba a cobrar. Y era entonces cuando les deba el cambiazo y le pasaba el cartón a él, cuando venia a verme, para que me cantara el Bingo. Eran grandes años. Una tarde fuimos a acompañar a unos amigos a un concesionario. Nos los encontramos tirados en mitad de la carretera, se habían quedado sin gasolina. Allí, este, vio un mitsubishi Colt, un deportivo precioso que acababa de salir. Al día siguiente le di las llaves y se quedó blanco, como el color del coche.

- Si, eso es cierto, ganaba bastante...

- Pues eso, me eché un noviete. Era director de la Seguridad Social, un hombre muy competente, de Sevilla. Venía todos los días a recogerme a la puerta del Bingo a las dos de la mañana. El pobre se tiraba desde las 9 que salía de trabajar hasta las 2 despierto, solo para ir a buscarme. Me quería, eso era seguro. El caso es que este cabrón, después de cinco o seis meses sin hacerme caso, empezó a ir a verme. Hasta que una noche me lo dijo: "Qué haces con ese gilipollas? Haz lo que quieras, si quieres vete con ese aburrido enchaquetado. Si te vienes conmigo vas a tener una vida interesante y llena de sorpresas... a este cantamañanas le vas a tener que limpiar los calzoncillos hasta que se muera..." Al final salí a la puerta, y allí estaba el otro pobre, esperándome en su coche, y se lo dije... "me voy con él".

-¡El muy cabrón se había echado una navaja en el bolsillo! Se había coscado de que yo iba a verla y por mis pintas pensaba que era un matón o algo así. Me lo dijo ella. Se la echaba todos los días al bolsillo por si acaso... ¡Cobarde! Jajaja. Visto está. Al final yo me llevé a la chica, y hasta hoy. En fín, Mami, ve echándonos los últimos chupitos que mañana tenemos que abrir temprano...

martes, 26 de abril de 2011

BUTACA




LA ETERNA JUVENTUD


Jamás olvidaré el momento en que mi mejor amiga me pasó un misterioso tomo en edición antigua titulado “El retrato de Dorian Gray”. En ese preciso instante mi vida cambió para siempre.

Había leído en una entrevista a Enrique Bunbury que éste había tomado prestado su apellido artístico (porque el nombre es propio) de un personaje de una comedia de un tal Oscar Wilde. Yo no sabía quién era ese pive pero pronto iba a averiguarlo. Resultaba que mi amiga decía tener un ejemplar por él escrito y yo me acerqué a su casa aquella tarde de verano para que me lo prestara. Es una casa antigua y grande. La familia de esta amiga mía, tirando de sabiduría popular, se refugia en casa de la abuela en verano, buscando en los gruesos muros de piedra, el gran portal, el patio trasero y la enorme parra el fresco que todos ansiamos por esas fechas en esta zona.

Recuerdo ese momento como uno de los más mágicos, místicos y misteriosos de mi vida. Mi amiga subiendo por las escaleras del caserón, yo esperando junto a la inmensa puerta en un recibidor en el que se podría dar una conferencia, y de nuevo mi amiga bajando con un enorme tocho entre las manos. Uno de esos libros de pastas gruesas y hojas crema, y ese olor característico de los libros viejos parecido al característico olor de los abuelos, el olor de los abuelos de cada uno, que son los que huelen a amor, no los otros que huelen rancio.

Me pregunto que habría sido de mí de no haber topado con aquel libro. Quién sería yo ahora si esa antigua edición no hubiera caído en mis manos. ¿A qué me dedicaría?, ¿cuáles serían mis aficiones? ¿quiénes mis ídolos?

Ese libro me descubrió un mundo completamente nuevo, un mundo que me encantaba y siempre estaba al alcance de la mano. Un mundo tan interesante, tan atractivo, que a veces he querido irme allá y no volver nunca a éste. Y ser grande y fuerte, ser culto y elegante, seducir a las damas, formar fila en legendarias batallas, viajar a paraísos inhóspitos, vivir odiseas, encuentros, separaciones, crecer y multiplicarme y en definitiva sentirme inmortal. Yo quería ser como Dorian. Ser inmortal. Hasta que vi la película.

NBAcacal: La Hora de los Valientes



-Tejada F.-


Cuando llegan los Playoffs la NBA se pone seria. El tipo del órgano prepara los dedos de manera especial, los aficionados van a la cancha vestidos del color de su equipo, todos igual. El grito sagrado de DE-FEN-SE DE-FEN-SE se hace ensordecedor y la presión en cada posesión es agobiante. Una batalla.
Las leyendas se forjan en los momentos decisivos.

Después de acabada la guerra de secesión americana se realizó una ceremonia para honrar a los caídos. En ese homenaje todos esperaban la intervención de Edward Everett, diplomático de prestigio y definido como el mejor orador de la época. Su speech duró casi tres horas utilizando 13500 palabras. En ese mismo acto Abraham Lincoln solo necesitó trescientas y dos minutos para crear el alma de una Nación... con su histórico discurso de Gettysburg.

En los momentos cumbre, cuando no hay marcha atrás y la bola quema, cuando es anotar o morir y el gladiador que tienes delante está dispuesto a dejarse las pelotas en impedir que logres el objetivo, algunos tipos se crecen. Es el caso de Robert Horry, un alapivot que jugó al lado de grandes estrellas sin serlo, que participaba muchos minutos sin ser titular y asumía la responsabilidad de tirar cuando la hora de los valientes asomaba. Meter o morir. Como la vida misma.

Horry ganó 7 anillos de campeón con 3 equipos distintos, en todos ellos siendo pieza clave desde el banquillo. Aparecía con sus hachazos ganadores cuando el brazo se encoge y el temor a fallar es tan gigante y eterno que algunos prefieren borrarse lo más disimuladamente posible. Todos recordamos a Bebeto –especialista en lanzar penaltis – que llegado el momento más importante de su vida sufrió un problema al quedar los cordones de las botas desatados y no poder ejecutar ese cardiaco chut…

Churchill o los hombres de la Easy en las Ardenas son ejemplos de personas que dan lo mejor de sí cuando el margen de maniobra es escaso y un error la desgracia infinita.

Y es que si el partido llegaba al último instante y solo un triple desesperado aparecía como solución, al bueno de Horry el gesto le cambiaba, nunca se le desataron las botas, Robert sonreía y se preparaba para la gloria.

domingo, 24 de abril de 2011

CELEBRITY de Woody Allen.



-Tony Tower Baobab-


Irregular película del genio Woody Allen, aún así se puede considerar mejor que el 99% del cine que podrían hacer el resto de los mortales. Si te gusta este director habrá momentos en los que reconocerás su impronta como por ejemplo la frase de un productor al ser preguntado en una alfombra roja; "Estoy preparando un musical sobre el Ku Kux Klan cuyo reparto es integramente negro". Pero lo cierto es que en líneas generales la película flojea.
La refexión final es como siempre en el cine de Woody, sencillamente reveladora, sincera, directa y te deja tal cara de tonto como la de aquellos espectadores anonadados en el cine en la última escena, me ahorro comentar por si acaso alguien no la ha visto todavía.
Sobresale, ¡qué digo sobresale! es impresionante la presencia de Wynona, la única tipa junto al novio de la ex del prota que se entera de que va esto de las películas de Woody, que le ponen a la interpretación su puntito de sal necesario. No me gusta especialmente la interpretación del protagonista (Kenneth Branagh), parece estar más afanado en calcar (de mala manera) algunos ademanes del realizador newyorkino, que en llenar la pantalla y lucirse. Y los papeles de este guionista siempre, y subrayo siempre, van a favor del lucimiento del protagonista.
Se agradecen las apariciones de Leo Di Caprio y Charlize Teron, sobretodo Leo clava el papel de tonto famoso, ¿por qué será?. También se ve una inusitadamente lúcida actuación por parte de Melanie Griffith.
Una película que en mi modesta opinión siendo de las peores si no la peor que le he visto al señor Woody Allen(excluimos Cassandra´s Dream por crímenes contra la humanidad), tiene 20 o 30 momentos memorables, y aunque siendo una comedia no hace reir en ningún momento mantiene el tipo por una interesante reflexión final. Otra cosa a su favor es que no es previsible, ni augura final feliz.
Si no has visto nunca una película de este director no te recomiendo que empieces por aquí, pero si te gusta el cine de este hombre no te la pierdas.

LO MEJOR
Charilize, Leo, la moraleja, ¡Wynona!, es guión Allen y eso se nota.

LO PEOR
Blanco y negro innecesario, aburrida por momentos, no sale Woody Allen.

viernes, 22 de abril de 2011

EL AFRICANO SEMANAL: Me meto y me salgo que el agua está muy fria





-Africano-





No quiero confusiones ni malentendidos. Y en estos temas menos. Tomemos distancia. Intentemos mirar las cosas desde un punto de vista que supere la superficie de nuestros sesos y contemplemos. Lo sé, el panorama es desolador. Somos hormiguitas laboriosas y obedientes que contruyen, cavan su propia fosa. Pero entre esas hormiguitas, ajenas a la grandiosidad del cosmos, unos bichitos, unas garrapatas, chupasangres y carroñeras, se entremezclan entre la masiva muchedumbre. PROGRES. Cuando Ortega hablaba de la Rebelión de las Masas no me cabe duda de que se refería a ellos. Más listos que el hambre, diría mi abuela, o la tuya. Pues como el hambre, consumen los cuerpos, disecan, momifican el alma, dejándola con aspecto famélico y pellejoso. Algunos se preguntarán por qué el Africano mete el dedo gordo del pie en la orilla helada de la política y es que tengo que confesar que me ha costado enorme trabajo decirme sobre lo oportuno de meterse en tejemanejes tales. Pero hay cosas que a uno le llegan al alma, por no decir a la concavidad de los cojones, cuando se tocan cosas sagradas. Y es que lo sagrado no ha de ir ligado, necesariamente, a lo religioso.




Intentaré explicar mi mala ostia atendiendo a la Semana Santa, por cercanía temporal. Resulta que se está deciciendo o se ha decidio eliminar lo castrense de la Semana Santa. Y es que, en la Cruzada llevada a cabo por el Gobierno con sus afamadas políticas prohibitivas parecen tener la diana puesta en los usos y costumbres de la tradición. Y es que da que pensar, el por qué o el para qué de elaborados planes huxleyanos a los que estamos siendo sometidos. Lo primordial es eliminar todo vestigio de singularización ya sea del individuo o del colectivo. Parece ser que el objetivo es la tan ansiada alienación total de la población mundial. Y es que cuanto más iguales seamos, más estandarizados estarán los productos que a bajo coste de producción nos podrán vender. Que quiero decir con esto. Pues que por deducción lógica, todas las prohibiciones que a día de hoy estamos sufriendo responden a la misma necesidad: reducir perfiles. Qué gilipollez, se me dirá. Bendita Teoría de la Conspiración, chato. Está bien, llamadme loco, o Romario, lo mismo me da. ¿Qué tiene que ver esto con que lo castrense sea eliminado de la Semana Santa? Pues que, a su pesar, esta, la Semana Santa, no se escapa del bisturí. Se trata de una gran operación de marketing en la que todos los aspectos de la vida han de ser influenciados para que, sino directamente, si indirectamente favorezcan al resutado final. Se trata de que la cirugía se practique en una sala lo más aséptica posible. Lo importante es que el esqueleto se conserve con vida mientras el resto de sus miembros son borrados del mapa. Por lo que el último corte, me imagino, será el eliminar totalmente la Semana Santa por ser contrario a tal (¿?). Así, no es de extrañar que el tema que tocamos también sea víctima del lavado de cara, esto es, el que no quieran que en una celebración religiosa esté involucrado un cuerpo del Estado, pues el Estado no debe ser más afín a unos consumidores que a otros. El Estado, como aparato carente de alma e inteligencia, no puede reflexionar sobre el sentido de las cosas. Su ultraneutralidad le impide tener una opinión acertada del mundo. Para él solo hay ciudadanos, no personas. El ciudadano no fuma, las personas si. El ciudadano no asesina, las personas si. El ciudadano no se droga, las personas sí. El ciudadano no tiene religión, espíritu. Las personas, al menos de momento, sí. Se caracteriza por ser totalmente ajeno a la vida. Ya oigo el tipico progre gritar: ¡¡"Esto es un país LAICO" "Abajo los crucifijos" "fuera los velos, vejan a la mujer"!! Pero ¿qué mierdas pasa?? Por favor, hagamos un ejercicio de reflexión, a quién, en sus sano juicio, le molesta, le ataca, le ofende, le jode, que la Legión cante "el novio de la muerte", que desfile junto a un paso de Semana Santa. Soy ateo y apolítico, un asco vaya, y por dios que me parta un rayo que no soporto un uniforme militar ni policial, y ya no hablemos de uniforme, sino de escuchar hablar a los que los rellenan de sus jodidas batallitas. Pero, maldita sea, cuando era pequeño me sentaba con mi madre en el escalón del portal de mi casa a ver pasar a aquellos enormes, titánicos legionarios, con sus peludos pechos, sus camisas abiertas, sus aterradores tatuajes, su mirada al infinito, sus gorros con borlas. Recuerdo como todos los niños nos poniamos a su altura a imitar los pasos militares, disciplinados y rectos, soñando ser de mayores uno de aquellos valientes soldados. Solo el esperar en aquel escalón, viendolos llegar de lejos, me ponían la piel de gallina. El otro día los vi, ya con menos épica sin duda, pero al verlos desfilar con aquel paso ligero algo me emocionó, me sentí raro al tener sentimientos especiales hacía aquello en un contexto tan ajeno a mi. Pero así es la vida, y así es el mundo, y en tales circunstancias nos pone, trastoca nuestros planes, nuestras ideas fijas, para que reflexionemos profundamente sobre las cosas y así enseñarnos y mostrarnos que no todo es H ni todo es B. Así, a pequeños cortes, van ventilándose todo aquello que les estorba en pos de la neutralidad. Estos PROGRES, estos fanáticos, dementes, fantasmales burócratas, quieren con esto aniquilar todo vestigio del pasado. Quieren que el producto se venda entre una población lo más homogenea posible. Cuanto más nos parezcamos españoles, franceses, italianos, alemanes, británicos, estadounidenses, portugueses... menor será el coste por unidad al tener el perfil del consumidor medio perfectamente estudiado. Y me consta que en los paises mencionados la estrategia va por el mismo camino. Las diferencias cada vez son menores, de eso no hay duda. Y el idiota que crea que eso es bueno apañado va. La diferencia es rica, creativa, abundante, volcánica, multicolor... lo igual gris, esquelético, mecánico, mortuorio. Es por este motivo y no por otro por lo que me meto donde no me llaman. Y es que estoy hasta los mismísimos huevos de que estos prohibicionistas hijos de mala madre, politiquillos del tres al cuarto, dicten a golpe de decreto lo que ellos creen que es bueno o es malo para el hombre o la mujer. Y es que el cáncer son ellos mismos y no lo saben, o sí... Total, paro y me callo, pues de seguir así acabaría hablando como uno de ellos.

A este paso todos nuestros recuerdos serán solo eso, recuerdos. Porque el mundo, por algún motivo oscuro, se avergüenza de su pasado o simplemente este le supone un obstáculo demasiado molesto para conseguir sus fines.
Que digo yo, si no se tratará solo de conseguir su fin.

domingo, 17 de abril de 2011

EL AFRICANO PENINSULAR: La 121



-Africano-


Comencé a redactar la nueva entrega ayer por la mañana y tras una hora lo borré todo. Demasiados datos fríos, pensé. La cosa iba quedando como una vulgar página de revista de viajes o como una road movie de tercera categoría. Imposible recopilar todo lo ocurrido sin correr el riesgo de faltar a la verdad. Relatar la realidad pura y dura implica un sobresfuerzo titánico que conlleva reproducir paisaje, caracteres, diálogos, y demás elementos que compongan el cuadro. Y esto, me habría obligado a llevar una libretita donde ir apuntándolo todo como un auténtico capullo integral. A falta de memoria intelectiva, que me hubiese permitido reproducir con pelos y señales los acontecimientos vividos durante el viaje, recurro a la sensitiva, más voluble pero no por ello menos verdadera. Lo vivido queda en cada uno de nosotros, en sus íntimas sensaciones, en su recuerdo. Por mi parte, solo decir que hacía semanas, por no decir meses, que no me reía. Aunque decir esto sería injusto por mi parte, puesto que no me refiero al reír, simplemente, sino al despolle. A la carcajada. A la risa liberadora que limpia cuerpo y mente. Hay ciertas personas que nos hacen flotar enamorados, otras que nos ponen los pies en la tierra, como pueden ser nuestros padres, y otras que hacen que tus pies logren atravesarla. Estas pocas personas tienen la habilidad de hacerlo sentir a uno entre auténticos hombres, en el sentido más profundo del término. Y es que el contacto con ellos sana de la enfermedad cotidiana y frustante del estar conviviendo continuamente con extraterrestres. A veces, cuando los oigo hablar, pierdo la noción del tiempo, dudo de mi propia inteligencia al presenciar tal derroche de lucidez y superioridad. Con su inteligente humor, no aquel humor pedante, sino un humor que consiste en reirse de uno mismo, en no tomarse jamás en serio, acaban por momentos con toda preocupación, obsesión o tristeza que le embargue a uno. Acaban, con mayúsculas, con la espeluznante Hidra del Miedo. Pienso a veces en como se sucedieron los acontecimientos para que fuesemos a dar en una misma habitación de hotel, la 121 para ser exactos, un lunes noche al borde de la árida costa de Almería, vaciando una botella de Vat 69. Y es que si uno se pone a pensarlo, se trata de pura matemática. Hemos hecho exactamente lo que teníamos que hacer. Ser seres solitarios, tímidos, inquietos, sensibles, en definitiva, buenas personas, y también algo payasos, gambosos, descolocantes, todo aquello que alimenta a la bestia, que la hace estar siempre alerta, no conformándose nunca con la versión oficial de la historia. Todo cuadra. Todo es como debe de ser. Un hotelucho de cuatro malparidas estrellas, a la que la faltaba una, Fabyo, presente en nuestras conversaciones, especialmente en las comeduras de polluza de Tower a su Butaca. Y la incertidumbre del futuro, del desolador futuro, flotando sobre el agua de nuestras consciencias como un mojón en mitad del océano de una noche de verano.

Y aquí paro, no puedo decir más. Podría haber reproducido aquellas largas conversaciones nocturnas o aquellas grandes frases pronunciadas durante toda la semana, auténticas joyas que van disolviéndose en mi paralítica memoria. Quizás, por elegir algo, me quedo con la mirada de Tower al apearme de su coche en Algeciras al regreso del viaje, dramatizando ante el temor de que fuera la última vez que nos fuesemos a ver. Aquella mirada escrutadora de quien radiografía a un muerto para no perder detalle de su última imagen. Yo le diría a Tower algo que tomo prestado del general Patton y que el sabe bien:

"El valor es aguantar el miedo un minuto más"

sábado, 16 de abril de 2011

BUTACA



ESTILO TARANTINO


No todo el mundo que se pone tras la cámara logra crear un lenguaje propio. Tarantino lo ha hecho a base de tacos. Este tío es el más dotado del planeta para soltar un fuck! o un shit! justo en el momento adecuado. Obviamente su genio no se reduce a eso (también elige siempre muy buenos temas) pero esa es su principal virtud.

La primera peli de Quentin que vi fue reservoir dogs y fue la leche. No estaba preparado para eso. Tus padres te prohíben ver porno pero puedes ver una de Quentin que es mucho más fuerte. Recuerdo la tarde que fui a llamar al más tarantiniano de mis colegas y estaba viendo four rooms. La peli estaba a punto de terminar así que me tomé el postre directamente sin aperitivo ni primero ni segundo ni si quiera agua. Un pive se apuesta un deo y lo pierde. Menudo final. Años después vería la película entera y no tiene desperdicio.

Pero si tuviera que quedarme con sólo un instante de todo el cine que se ha hecho hasta ahora, ese momento lo protagonizan Uma Thurman y Travolta a la puerta del lugar que Mía ha escogido para pasar la noche, cuando Vincen le comenta a ella que tiene hambre y ella le contesta:

“Puedes comer ahí dentro, no me seas…” y dibuja con sus dedos en el aire sobre el salpicadero del coche un cuadrado perfecto que se va desplegando como la estela de un cometa tras las manos de la chica.

También me encanta el baile, y Chuck Berry, y cuando tras la cena y mientras él se ralla en el baño ella encuentra la merca de Vincen y se pega un leñazo y la jodida escena de la inyección de adrenalina directa al corazón.

Cuando salió la última de Quentin fui a verla al cine con algunos amigos. A la salida el coche no arrancaba y cuatro tíos fumados tuvimos que empujar el carro por el parking del supermercado hasta que el conductor, no menos colocado, lo puso en marcha, y en marcha nos montamos y nos largamos de allí al más puro estilo Tarantino.