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Cacagénesis:
William Saroyan:"Es sencillamente imposible insultar al género humano sin sonreír al mismo tiempo".
viernes, 8 de abril de 2011
LA FANZINE Nº 6: El tiempo
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jueves, 7 de abril de 2011
RESEÑA: Rebelión en la Granja; de George Orwell
miércoles, 6 de abril de 2011
LA VIOLENTA POESÍA de Sam Peckinpah
-Africano-
-"Le enseñaré como lucha un oficial prusiano.
-Yo le enseñaré donde crecen las cruces de hierro.”
(Diálogo final de la película “La cruz de hierro”)
omo si su pasión fuera la de ser apologeta de la ostia y el oro rojo. Y es que si se pretende clasificar a Sam como director de películas a lo Bud Spencer (que dime tu a mí a qué incitaban aquellas películas, sino a dar una leche al inocente que más cerca tuviésemos mientras la veíamos a las cuatro de la tarde en Canal Sur) digo, que si se pretende encasillar a Bloody Sam en esta categoría, es que no se tiene desarrollado lo bastante el nervio del gusto. Porque su violencia, y esto no es un eufemismo, es bella. Rezuma lirismo. Su ritmo cansino estalla al iniciarse una jarana, perfectamente contrarrestado con sus maravillosos ralentís, nada que ver con las mierdosas cámaras lentas de Matrix. Su excelente realismo (excepto alguna cantosa mancha de tomate en la camisa de los personajes en algún que otro primer plano) hacen de sus escenas de máxima violencia auténticos ejercicios catárquicos. Porque cuando ya no quedan balas uno se queda sosegado, vacío de ira y lleno de placer. Otro apartado son sus diálogos, escasos pero contundentes: “-Dio su palabra a un (/a compañía de) ferrocarril… -¡Era su palabra! – Eso no importa, lo qu
e cuenta es a quién se le da”. Y lo que vino a confirmarse al ver días después, misma hora mismo ColaCao, “La cruz de hierro”, ambientada en la 2º Guerra Mundial, de la que dijera Orson Wells que era la mejor película antibélica que había visto, la cual mantenía el mismo estilo a la hora de abordar las escenas de acción, la misma parquedad en los diálogos y, cosa crucial y transversal en las tres películas, protagonistas bastante maduros y experimentados, que ven como los tiempos y el mundo que ellos conocieron va desapareciendo. Estos personajes tienen gran fuerza, determinación y capacidad de liderazgo, y, sobre todo, grandes sentimientos bajo una máscara endurecida, lo que denota la gran profundidad psicológica de la que dotaba a estos. Como curiosidad, he de decir que el prota de “La cruz de hierro”, el sargento Steiner, soldado alemán, perfectamente podría pasar por aquellos forajidos alcohólicos que cruzaban la fontera de USA con México en la mencionada “Grupo Salvaje”. Y no es casualidad, pues vemos al mismo actor, James Coburn, en la primera película mencionada haciendo de perseguidor de Billy el Niño. Estos personajes parecían reflejar una obsesión de Sam Peckinpah, aquellos hombres que ya no tienen nada que perder, que no saben hacer otra cosa más que luchar contra las adversidades sobre los lomos de un orgulloso código de honor, que hace que el hombre no parezca tan
mezquino en medio de tanta barbarie. Quizás fuera una forma de redimirse, tal vez fuera un hombre lleno de ira pero bueno, víctima de su propia naturaleza primitiva e inteligente. No lo sé, la verdad. Me gustan sus películas y las seguiré viendo. Tengo en la recámara “Quiero la cabeza de Alfredo García” y “Duelo en la Alta Sierra”, que seguro que no me van a decepcionar. Sam murió a causa de graves problemas de salud que arrastraba por su adicción al alcohol y a la coca, a la temprana edad de 59 años. Más o menos la de sus legendarios personajes. Según dicen, sus últimas películas son más bien tirando a mediocres, en comparación con las que dirigió en sus años de mayor esplendor. Eso aún tampoco lo sé. Lo que sé es que el padre del western crepuscular me ha arrancado, con su característica violencia, el corazón. martes, 5 de abril de 2011
NBAcacal: Ray “Jesús” Allen
-Tejada F.-
(Desde el pasado febrero Ray Allen es el máximo anotador de triples en la historia de la NBA)
Ray Allen es posiblemente uno de los jugadores con más talento en la historia reciente de la NBA. Tiene un tiro en suspensión casi perfecto y una plasticidad es sus movimientos que lo hacen uno de los mejores lanzadores de la historia, suave y elegante, un asesino con silenciador y gabardina. Allen cuajó casi toda su carrera en Milwaukee, ciudad natal de William Harley y Arthur Davidson, creadores de la moto más famosa de la carretera. Después se marchó a la dura y lluviosa Seattle, cuna del Grounch: Nirvana y Pearl Jam sólo son un par de ejemplos de la fertilidad musical de esa ciudad. Para entrar en más profundidades recomiendo consultar a Noé. El caso es que la carrera de Ray parecía la típica de jugador de gran clase resignado a no lograr el éxito, condenado a equipos segundones. Hasta que en el verano de 2007, ya pasada la treintena, fue traspasado a los legendarios Boston Celtics donde logró su primer anillo de campeón, fue su gran sueño cumplido aunque el respeto de toda la afición ya lo tenía. Bastante antes de todo esto otro grande llamó a su puerta. Spike Lee le ofreció protagonizar junto con Denzel Washington una película, He got Game su título. Allen (Jesús en la cinta) interpreta a un joven baloncestista talentoso a las puertas de entrar en la universidad mientras lucha por reconciliarse con su complejo padre. Lo sorprendente de todo (aparte del afro de Denzel) es la calidad interpretativa de Ray, demostró que también tiene un talento innato ante la cámara, creíble
y natural. Siempre solvente. El film es uno de los más sólidos de Spike, ya que a una atmósfera callejera muy cuidada suma un guión completo, con matices, que sabe reflejar ese complicado mundo de las futuras estrellas del deporte profesional, critico con un entorno dispuesto a todo para “manipular” al prometedor chico. Su padre lo presiona para que acepte entrar en el equipo de una determinada universidad a cambio de la reducción de su condena, casi nada. Baloncesto y cine han vivido un discreto idilio, títulos como Basket Music (la recomiendo a Fabyo especialmente) Ganar de cualquier manera, Hoosiers (otra de las pata negra) Coach Carter o Space Jam son una pequeña muestra. Muchos jugadores han aparecido en estas y otras películas, pero ninguno como Ray, el chico educado, el tirador implacable, el yerno que toda señora querría para su hija, el sobrio jugador que llegó a tiempo a la llamada de la gloria. Una gloria que Jesús buscaba a pesar de un entorno interesado y feroz.lunes, 4 de abril de 2011
CIERTAMENTE DISCREPO
Discrepo cuando se tiende a asociar derecha (como opción política) y fascismo. Ciertamente ha habido, sigue habiendo y siempre habrá grandes fascistas a un lado y otro del hemiciclo pero en este país se suele relacionar a los facinerosos con el ala diestra olvidando que en la siniestra se han sentado muchos de los más grandes fachas del planeta. Sin ir más lejos, nuestro Presidente del Gobierno, esconde a un fascista en potencia tras la máscara (ajada ya) de la complaciente sonrisa y el talante. Son numerosos los ejemplos de esto que digo en el panorama político internacional, principalmente latinoamericano, sin olvidarnos de que China o Rusia, las más vastas extensiones fascistas, la Alemania nazi y Adolfo, el fascista por antonomasia, eran de izquierdas.
Decididamente discrepo cuando se identifica a la Iglesia con la represión y los abusos. Todos los días paso por la parroquia de mi barrio a la hora de la entrada y la salida del colegio. Veo padres que llevan tranquilamente a sus niños allí a estudiar por la mañana temprano y veo salir a los críos alegremente a la hora de comer. Los niños salen riendo y jugando. No parecen ser víctimas de ningún mal trato. No digo que esto no pase. Telecinco siempre tiene un caso. Pero estoy seguro de que por cada niño que haya sido objeto de abuso en el seno de la Iglesia, miles han sido bien tratados y educados, y por cada cura sinvergüenza se pueden encontrar cien hombres honestos, honrados y buenos al servicio de Dios. Junto a los padres con los niños, todos los días se acercan a la parroquia parados e inmigrantes que reciben ropa y comida. En el comedor de San Juan de Dios preparan a diario el almuerzo para los yonkis y desgraciados a los que el resto de la sociedad ignora, en el mejor de los casos. Y a pesar de Cáritas, las misiones, los voluntarios, los miles de frentes que la Iglesia tiene abiertos en los países desfavorecidos se la sigue asociando a la Inquisición y las cruzadas.
Desconozco el número de indígenas que cayeron a manos de los españoles tras el descubrimiento de América e ignoro el oro que nuestros compatriotas se llevaron. Lo que sé es que aquí por entonces se pasaba más hambre que un grillo en una lata y del genocidio y el expolio el pueblo español poco supo o nada. Espero que los bastardos que lo llevaron a cabo sigan ardiendo en el infierno, pero discrepo encarecidamente cuando se identifica a España con el vapuleo de Hispanoamérica. Aquí, como en casi todos lados, hemos sido invadidos y conquistados unas cuantas veces y nunca he oído quejarse al español de a pie de las vidas que se cobró Roma o del trigo que se llevaron. Muy al contrario aprendimos su idioma, acatamos sus leyes y agachamos la cabeza como le toca hacer a un pueblo cuando está en el punto de mira de una nación más poderosa, a excepción de la muy honorable y desaparecida Numancia.
Normalmente discrepo cuando se tacha a la juventud de perezosa, holgazana, corrompida o pervertida. Cualquiera con veintitantos se considera ya lo suficientemente maduro y en posición de criticar a los chavales, sus aficiones, sus gustos, y todo lo que tenga que ver con ellos. Dicen que los jóvenes no quieren trabajar, ni estudiar pero ninguna generación anterior ha estudiado tanto y pocos han sido los que hasta ahora han llevado adelante estudios y trabajo al mismo tiempo. Dicen que ellos en sus tiempos luchaban por algo, tenían principios. Efectivamente ellos se reunieron todos en sus hogares respectivos para ver como el dictador agonizaba en blanco y negro y respiraron aliviados al unísono cuando por fin murió. Lo que más les molesta a esta gente es ver a los jóvenes divertirse. Si ven a un chaval por la calle cantando o bailando y riendo es porque se habrá drogado. Si es un grupo a saber qué clase de orgía están tramando. Y si lo que se encuentran es un botellón entonces este acontecimiento toma en el cerebro arrugado del cuarentón dimensiones apocalípticas que hacen comparable el evento a una versión posmoderna de Sodoma y Gomorra.
Discrepo con todas mis fuerzas con los que al cruzarse con alguien que les pide una moneda mienten descaradamente diciendo no tener nada suelto y después cuando el peligro ha pasado y el mendigo se aleja te sueltan el rollo ese de que hagan algo, que trabajen, como si el yonki o el rumano tuvieran otra alternativa a poner la mano. Si el joven de buena familia con carrera, idiomas y posgrado no encuentra trabajo, qué trabajo va a encontrar alguien que echa peste y al que le faltan varios dientes. Si no dicen, que se vayan a su país, como si esa gente tuviera algún sitio a donde ir.
Siempre discrepo con los entendidos del arte para los que cualquier obra que no dice casi nada es muy sugerente, o algo repulsivo y asqueroso es transgresor, o califican como subversivo lo que es simplemente intolerable.
Cuando el tipo de ciudad llama paleto al de campo, como si las gentes de pueblo fueran rudos incultos o huraños discrepo por la parte que me toca y pienso que hay más sabiduría y saber estar en uno de los ancianos de mi pueblo que en toda la ciudad de Nueva York.
Discrepo cuando la típica feminista hace el típico comentario de lo absurdo que le parece ver a once tíos en calzones corriendo tras una pelota, porque el fútbol es el mayor espectáculo del mundo, además de un deporte fantástico.
Discrepo con los anarcas que critican el sistema y con los burgueses que lo defienden. Con los que defienden las tecnologías como el futuro que son, con los que creen que la ciencia lo sabe todo, con los pedantes que hablan como si fueran ellos quienes todo lo saben, con los que no opinan y los que no dejan que opine nadie, con los abstemios y los vegetarianos, con los que defienden la pena de muerte, y los que la merecen. Ciertamente Discrepo.
sábado, 2 de abril de 2011
BUTACA

LA PASIÓN
La cuestión de la peli preferida, la peli favorita, es una cuestión controvertida. En los rankings que circulan por ahí siempre aparece Ciudadano Kane en lo más alto del pódium. No sé, está bien, pero no es para tanto, creo yo. Mi profesor de ética en el bachillerato nos habló de aquella película y creó tal expectación en mí, que cuando pasados x años la vi, me quedé un poco decepcionado. No me pregunten por qué.
Woody Allen dice que la suya es Luces de Ciudad de Chaplin, que le encanta el humor tierno del genio mudo, y posiblemente busca siempre hacer algo parecido en sus pelis, que por cierto me encantan. Hay al menos dos o tres pelis de este tío que bien podrían ocupar el primer puesto en mi particular escalafón cinematográfico. Sin embargo ese puesto hay que ganárselo, y sobre todo, como bien diría un raper, lo difícil no es llegar, lo chungo es mantenerse.
Mi primera peli preferida fue Pactar con el Diablo. En qué mala hora la vi, seducido por Pacino, y por Ally McBeal me vi estudiando derecho sin saber muy bien porqué. En menudo lío me he metido pensé al cabo, y por pocas salgo.
Decía Sthendal que leía todos los días un capítulo del Código Civil francés, el Code Napoleon, porque en las leyes encontraba inspiración en su obstinada búsqueda del lenguaje preciso; sin embargo todos estos años estudiando derecho más que tino en el uso de las palabras me han proporcionado cierta cultura literaria y cinematográfica, y digo cierta, que no es mucha ni poca, es la que hay.
El uso de las palabras lo manejaba como pocos Aristarain cuando rodó Martin Hache que se convirtió en mi favorita desde el primer momento que la vi. Luego Win Wenders dio una vuelta de tuerca más al texto, introduciendo - de manera primorosa a mi entender - la poesía en un guión, y Cielo sobre Berlin, acertada traducción al español del título original Wings of Desire, se convirtió en mi obra cumbre del celuloide.
Sólo había un hombre capaz de desbancar a Wenders. Recordáis al colega que decía que los judíos eran malos?, pues precisamente con él fui al cine a ver La pasión de Cristo según Mel Gibson. Fumamos un pitillo para hacer tiempo antes de entrar a la sala, en la puerta de un hipermercado. Inconscientemente nos estábamos preparando para el linchamiento. Qué dureza de película. Ahí descubrí al verdadero Mel. Le había visto en Arma Letal, que no es santo de mi devoción, pero en la que rodaba una magnífica escena al borde del suicidio con una pipa en la boca. Le vi en Braveheart luchando hasta el final contra la opresión y la injusticia. Le vi en las noticias detenido por conducir borracho. Pero no lo reconocí hasta que se puso tras la cámara. Qué cabronazo!
Con la Pasión la lió parda pero la cima la alcanza en Apocalipto. Es trepidante. Esa película me sobrecoge desde que empieza hasta que acaba, dura más de dos horas y la he visto más de tres veces. Nunca decae. Es la hostia!
viernes, 1 de abril de 2011
EL AFRICANO SEMANAL: Cerebro entre mis dedos
-Africano-