Cacagénesis:


William Saroyan:
"Es sencillamente imposible insultar al género humano sin sonreír al mismo tiempo".







domingo, 18 de julio de 2010

Epitafio frente a un espejo



-Juan Luis Panero-

Dura ha de ser la vida para ti,
que a una extraña honradez sacrificaste tus creencias,
para ti, cuya única certidumbre es tu recuerdo
y por ello, tu más aciaga tumba.
Dura ha de ser la vida, cuando los años pasen
y destruyan al fin la ilusa patria de tu adolescencia,
cuando veas, igual que hoy, este fantasma
que tiempo atrás te consoló con su belleza.
Cuando el amor como un vestido ajado
no pueda proteger tu tristeza
y motivo de burla, de piedad o de asombro,
a los ojos más puros sólo sea.
Duro ha de ser para tu cuerpo ver morir el deseo,
la juventud, todo aquello que fuiste,
y buscar sin pasión tu reposo
en la sorda ternura de lo débil,
en la gris destrucción que alguna vez amaste.
«Es la ley de la vida», dicen viejos estériles,
«y nada sino Dios puede cambiarlo», repiten,
a la luz de la noche, lentas sombras inútiles.
Dura ha de ser la vida, tú que amaste el mundo,
que con una mirada o una suave caricia soñaste poseerlo,
cuando la absurda farsa que tú tanto conoces
no esté más adornada con lo efímero y bello.
Dura ha de ser la vida hasta el instante
en que veles tu memoria en este espejo:
tus labios fríos no tendrán ya refugio
y en tus manos vacías abrazarás la muerte.

jueves, 15 de julio de 2010

5:45

Menú. Organizador. Alarma. Hora. 5:45. Tono. Come as you are. Activar.
Nirvana no suena tan bien cuando te saca de la cama a las cinco de la mañana.
Sin embargo, he desactivado la alarma antes de que Kurt soltara dos frases.
El que me conozca (y aquí sois muchos), pensara que es mentira,
pero amigos, algunas cosas cambian, aunque otras no cambien nunca.
Me he quedado un ratito sobre la cama y no me he vuelto a dormir.
Me he mirado en el espejo y tenía buena cara, incluso diría que estaba de buen humor.
Me he hechado agua por encima y parecía Gloria Bendita.
Me he comido un donut y no me ha parecido una porquería.
Me he montado en el coche y no me he dormido antes de que arrancara.
De hecho he ido todo el camino despierto contemplando el espectáculo.
A las seis menos cuarto miré por la ventana y era de noche como un cerrojo.
Cuando a las seis me asomé a la calle ya clareaba.
Ya en la carretera, montado en el Land Rover, si miras hacia el este, sobre el horizonte, se dibuja una delgada linea anaranjada sobre las montañas oscuras. Conforme avanzas, se va haciendo notable la diferencia entre éstas y el firmamento.
Serrat cantaba movidas de cuando estuvo loco. Al cabo, un azul clarito se deja ver al fondo,
y los primeros rayos de sol despuntan sobre las cumbres. Entonces puedes mirar al sol de frente. Puedes mirarle a la cara y decirle aquí estoy yo, y brillo tanto como tú, y me muevo más rápido. De hecho, él ni se inmuta, sigue en su sitio, pero asciende como si estuviera en movimiento. Cuando te quieres dar cuenta es de día, y has podido ver en el cielo una gama de azules que ya los quisiera cualquiera para su paleta. A las doce del mediodía, si tienes huevos mira al cielo. Al atardecer podrás volver a verlo. Quien quiera ver.
Son las 1:24 y mañana el reloj suena a la misma hora.

martes, 13 de julio de 2010

A golpe de martillo y cincel

-Toni Tower Baobab-

Hace algunas semanas estaba arreglando el coche, que tenía una abolladura en la parte trasera, justo donde la tercera luz de freno. Yo, que ultimamente consigo lo que me propongo, desmonté la puerta trasera y con un improvisado cincel de madera me dispuse a dar golpes desde el interior hacia afuera para dejar de nuevo recta la chapa. Al verme moldeando la susodicha pieza a golpe de martillo y cincel recordé algo que había leído hacía pocos días...

La escultura del David de Miguel Angel, que se puede ver en Florencia, había sido encargada en un primer momento a Simone da Fiesole. El inmenso bloque de mármol, fue traído por el Mediterráneo y subido por el río hasta la ciudad. Prácticamente estamos hablando de una pieza de mármol única, por dimensiones y calidad. El maestro Simone da Fiesole no estuvo a la altura, y al realizar el vaciado de las piernas, dejó el bloque prácticamente inservible, de hecho se especulaba con que era imposible hacer algo decente sin añadir alguna pieza. Ésto había hecho que los obreros de Santa María di Fiore arrinconaran durante muchos años en un almacén, el ya inservible pedazo enorme de mármol. Miguel Ángel, casi a petición propia, se propuso sacar algo de ésto y se encerró en una valla que obligó construir, prohibiendo expresamente que nadie viera nada del fruto de su trabajo, hasta que hubiera terminado. El resto es historia.

Fue cuando el Barça B descendió de categoría, en el Barça C sobraban fichas ya que estaba desapareciendo. El otro día investigando dí con el artículo donde se explica como Pedro, el chico del Barça y de la Selección fue vendido en verano de 2007 al Portuense, un equipo de la 2º B de la Liga Española debido a que según los informes técnicos no daba la talla. Gracias a la recomendación de Guardiola y Chechu Rojo se evitó la salida de este jugador para dicha categoría. Hoy como todos sabéis Pedro es un jugador que incluso ha tenido y tiene un papel destacado en el futbol español.

Estaban a punto de cerrar la productora Pharlopone, un joven productor llamado George Martin estaba a punto ver como su trabajo en la casa de discos tocaba a su fin. La productora era Pharlophone, una subdivisión de EMI en Inglaterra. Pero entonces un hombre llamado Brian Epstein, manager de la banda, convenció a George Martin para sacar el primer sencillo de un cuarteto de Liverpol, "Love me do". El grupo era The Beatles.

La vida es muy fácil, a veces basta con que alguien ponga los ojos sobre un bloque de mármol, una persona, un profesional o quién sabe.

Como decía Bukowski "Todo lo que necesitaba una persona era una oportunidad. Siempre había alguien controlando quién podía tener una oportunidad y quién no."

Pero al fin y al cabo creo personalmente que todos nos sentimos lo suficientemente inútiles y ciegos para saber que a cada fracaso puede sucederle un éxito, que el fracaso no es el fin del mundo. Yo estoy seguro de que para sacar lo mejor que llevamos dentro sólo hace falta un poquito de esfuerzo y que alguien crea en nosotros.

viernes, 9 de julio de 2010

FELACIÓN 1

(En Linares, su pueblo y el mío,
se me ha ido como del rayo Antonio Peña,
con quien tanto quería)


Maneras diferentes hay de empezar
un poema.
Decir, por ejemplo:
“Amanecido ya en la tierra de los desheredados
hermosa y triste…”
O también, por qué no,
pues maneras hay diversas
de empezarlo:
“Una sirena suena en el eco de la ciudad,
ciertas farolas titilan, ahí fuera, el atardecer.”
O simplemente hacer referencia,
pongamos por caso,
citar a Machado:
“Como se fue el maestro,
La luz de esta mañana
Me dijo: Van tres días
que mi hermano Francisco no trabaja.”
Y que solo unos pocos
sepan cómo
de qué manera
terminarlo:

Antonio, amigo,
compañero del alma,
vuelva, se lo pido,
lo más pronto
al trabajo.


Rubén C.

lunes, 5 de julio de 2010

100 años

-Tejada F.-

La imagen es extraña e impactante. Un rostro afilado, decrépito. La veo todos los días –vivo con ella- y todavía no me acostumbro. Hace años se rompió la cadera y poco después fue perdiendo la cabeza. Solo balbucea onomatopeyas sin sentido y a veces llama – nerviosa y poseída- a sus antepasados. Una gran gasa cubre su frente, una herida lenta y mortal avanza y avanza, pero a estas alturas no importa, no se puede hacer nada. Cada tarde con una precisión suiza, la levantan y colocan en su silla de ruedas – algunas veces lo hago yo- junto a la mesa del salón, en el mejor sitio de la casa. Su mirada perdida y triste, su mente lejos, muy lejos, quizá, o eso espero, recordando tiempos mejores, de alegría y vida. Tiempos en los que junto a su marido realizaba largos viajes a Moscú o Viena. O cuando venía de visita y nos traía grandes bolsas de chuchearías desafiando nuestra salud dental y cocinando su tortilla sorprendentemente recia, casi teníamos que cortarla con la radial, ella era feliz viéndonos reír.

La otra tarde después de años sin intercambiar ninguna frase coherente con ella (si es que alguna vez lo hicimos) me encontraba en la cocina atascando de Marcilla Mezcla mi pequeña cafetera, mientras en la tele una Gacela Thompson corría a toda leche intentando evitar a una leona con hambre.

Estábamos solos. De repente ocurrió lo inesperado: “Francisco que haces”. Quedé paralizado, ni siquiera estoy seguro que me hubiera llamado así cuando estaba bien, “haciendo café ¿quieres algo?”. Ni me miró ni respondió, pero sus ojos por vez primera en años mostraban coherencia, realidad, una sensación de complicidad extrañísima me invadió… tan solo durante unos pocos segundos.

Rápidamente todo volvió a la normalidad, comenzó a gritar “mamá mamá” desfigurada, de nuevo se encontraba en otro mundo, en el suyo. El café listo y la leona implacable llamaba a sus cachorros para zamparse a la Thompson. Me gusta la rutina.

Desde esa tarde, desde esos pocos segundos, cada vez que paso al lado de mi bisabuela, la observo de otra manera, es curioso que a sus 100 años y 130 días nos empecemos a entender.

A DOS METROS BAJO TIERRA




-Rubén C.-

Algunos, los más, sabréis de qué serie estoy hablando, para los que no, tiempo les falta para ponerse a ello. Suele ocurrir que, cuando uno se entusiasma con algo, un libro, un disco, una película o, como en este caso, una serie de televisión, corre el riesgo de excederse en sus valoraciones y en no lograr expresar, debido al ímpetu de las explicaciones, lo que tal o cual creación le ha hecho sentir o lo que es más difícil aún, pensar. Es más, es por esta última vía y no por la del sentir, que también, por la que voy a tirar. Para hacer sentir, normalmente, basta con presentar una serie de situaciones caracterizadas por constituir una amalgama de lugares comunes y la lágrima está asegurada. En “A dos metros…”, cuyo título de origen es Six Feet Under, llega uno a dudar si lo que realmente quieren sus creadores es emocionarnos o dejarnos helados de frío. Ni una cosa ni la otra. O ambas. Todos los que hemos visto esta serie conocemos a Ruth (Frances Conroy) madre de David Fisher (Michael C.Hall) y Nate Fisher (Peter Keause) y a los demás no menos importantes y singulares que componen el reparto. La serie comienza con la muerte del padre de estos, dueño de la funeraria para la que David trabaja y para la que Nate, después de recibir la mitad del negocio por herencia, también regenta. Una de las cosas más impresionantes y conmovedoras de la serie, para un hispano, latino o como coño lo queramos llamar, es esa diferencia de afectividad con los seres queridos que caracteriza a estos anglosajones. Si bien, no estoy del todo seguro de que todos sean así, pero me fijo en esos detalles, aquellos besos casi al aire que se suelen dar, esa forma de hablar entre ellos como si fueran desconocidos, el distanciamiento físico, como si tocarse fuera malo o demasiado pretencioso, las dificultades para hablar de sus sentimientos sin sentirse avergonzados, en definitiva, esa frialdad que hace perfecto juego con la funeraria "Fisher e Hijos" , contexto central de la serie. La muerte como telón de fondo, acechándolos a todos, no por ser cotidiana en sus vidas menos intimidadora y, como cada vez, en cada uno de los capítulos, su presencia se acrecienta en paralelo a la lucha de esos personajes por buscar la razón de su existencia. Ahí, creo yo, radica la grandiosidad de esta obra, cómo esas personas aparentemente desapegadas y poco expresivas emocionalmente buscan constantemente el cariño, el cuerpo, el calor de los que están a su alrededor. Lo insoportable de la soledad de cada uno de los personajes, la frustración que les causa el sentir que nadie de los que les rodea son suficiente para llenar sus respectivos vacíos y, aún así, asirse los unos a los otros desesperadamente. Todo esto, esta retaila metafísica, aderezado con unas dosis de humor difícilmente superables. Como hasta la muerte tiene que doblegarse de risa ante este elenco de personajes que por sus avatares y sus formas de afrontar la vida le dan el sentido que le falta. Sensación esta, creo que no única, de todo aquel que se enfrenta a cada capítulo. La sensación de estar ante un libro de autoayuda escrito por un dios lúcido, como un solo capítulo puede levantarte el ánimo y, no solo eso, hacerle a uno más valiente. Como ese miedo constante que nos acecha se ve dulcificado por la ternura y el humor que rezuma cada uno de estos singulares personajes con los cuales, extrañezas del mundo, no resulta difícil identificarse con ellos. Esa identificación iría más allá de parecidos físicos, actitudes, simpatías… más cercano, quizás, al tema capital de toda existencia, la muerte, de la cual nadie está a salvo y a la cual aquí, en esta obra de arte llamada “A dos metros bajo tierra” se la eleva a la categoría de vida.

viernes, 2 de julio de 2010

A VECES


Escribir un poema se parece a un orgasmo:
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más en ocasiones.
Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada!
Lo expresaba muy bien Cesar Vallejo:
"Lo digo y no me corro".
Pero él disimulaba.

-Angel Gonzalez-